Otra historia de caminos…

Década del 70.

Humberto Caro Maldonado

Humberto Caro Maldonado

Ante los problemas limítrofes con Argentina (Laguna del Desierto y el Beagle), la dictadura militar, busca afianzar la soberanía chilena en la Patagonia y, para ello, planea la construcción de la carretera austral, que irá desde Puerto Montt a Villa O’Higgins, cubriendo aproximadamente 1.200 kms.

En 1975, un año antes de que el Ministerio de Obras Públicas, Vialidad y el Cuerpo Militar del Trabajo entren al territorio, cuatro habitantes de Chana, ocupados en el Programa de Empleo Mínimo, son seleccionados por el municipio de Chaitén, encabezado por don Germán Monsalve.

El mandato es claro: abrir una huella que vaya desde Casa de Alerce hasta Caleta Gonzalo y que permita guiar el trabajo que esas instituciones harán más adelante.

Entusiasmados reciben el desafío. Sin embargo, extremadamente precarias son las condiciones y los recursos que tendrán para ejecutar tan importante tarea.

Con ropa inadecuada, sólo con sus machetes y llevando en sus bolsitos un poco de harina, yerba, mate y una tetera, EUGENIO MALDONADO, HUMBERTO CARO y los hermanos BIENVENIDO y ALFONSO MUÑOZ, emprenden el viaje.

Alfonso Muñoz Gallardo

Alfonso Muñoz Gallardo

A pesar de su gran experiencia, los hombres se mueven con dificultad por el tupido bosque. Rodear los lagos Blanco y Negro y remontar las frías y caudalosas aguas de los ríos, significan desgastantes jornadas para el grupo.

En pocos días ya no queda comida, no hay leña seca y por las noches, sienten la amenazante presencia de un puma.

El último tramo se hace muy difícil, pero al cabo de unos días y en el límite de sus fuerzas, logran llegan a Caleta Gonzalo cumpliendo la misión encomendada.

Gente de Buill que ahí construía un campamento, al ver las pésimas condiciones en las que llegaron, los trasladan en chalupa a Chaíngo, donde la familia Tureuna, con gran generosidad, los alimenta y cobija.

Ya recuperados, el regreso a Chana y, en el camino, más muestras de la tradicional solidaridad de los pobladores de este territorio.

Su esfuerzo es recompensado con unas bolsas de mercadería.

“Pero ya ve usted. Ni un puentecito lleva nuestros apellidos” – dice sonriendo don Bienvenido Muñoz.

Eugenio Maldonado Higuera 

Eugenio Maldonado Higuera

(Resumen de una historia contada con Catalina Muñoz, Eugenio Maldonado y Bienvenido Muñoz)

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